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Los nódulos tiroideos son lesiones de alta prevalencia, más frecuentes en mujeres y en personas mayores y en su inmensa mayoría son benignos (solo 1-5% son lesiones malignas).
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Una buena evaluación inicial ante el diagnóstico o la sospecha de un nódulo tiroideo incluye una anamnesis completa con exploración física, un estudio de laboratorio con determinación de TSH y una ecografía de cuello.
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La ecografía de tiroides debe realizarse usando terminología estandarizada para informar un mínimo de características (tamaño, localización y características morfológicas del nódulo) y usando un sistema de estratificación del riesgo de malignidad.
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El objetivo de la ecografía es determinar aquellos nódulos que requieren más estudio mediante punción-aspiración con aguja fina (PAAF) y/o seguimiento ecográfico.
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El estudio histológico deberá clasificar el material aspirado en una de seis categorías que estratifican el riesgo de malignidad según un sistema de clasificación internacional (Bethesda).
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Dada la baja prevalencia de malignidad y el comportamiento relativamente indolente de las lesiones malignas, se adoptan cada vez más estrategias conservadoras y se evitan las intervenciones cuando es posible.
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