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La aparición de un evento adverso tiene repercusiones no solo sobre el paciente y su entorno (primera víctima), sino también sobre los profesionales sanitarios implicados (segunda víctima) y sobre la propia organización sanitaria (tercera víctima).
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Los profesionales que se convierten en segundas víctimas pueden experimentar consecuencias a nivel físico, emocional y psicológico, así como repercusiones en el ámbito profesional.
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Las etapas del proceso de recuperación deben ser reconocidas para facilitar una adecuada respuesta tras un episodio adverso.
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Los eventos adversos afectan tanto a pacientes como a personal sanitario implicado.
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Se ha observado una gran prevalencia de casos en atención primaria siendo necesario apoyo institucional y formación específica al respecto.
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En España, la atención a segundas víctimas ha avanzado hacia programas de soporte estructurados, inspirados en modelos internacionales, con herramientas de medición y una cultura de seguridad que protege el bienestar profesional.
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Es fundamental el apoyo inmediato y sin culpabilizar al profesional tras el evento adverso, valorando si debe ser relevado.
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Se debe llevar a cabo un cierre del proceso y una reincorporación planificada, evaluando si el profesional está apto para volver a su puesto de forma completa, progresiva o cambiar de unidad.
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Los programas recientes integran soporte emocional, herramientas de evaluación y participación en análisis de eventos, fortaleciendo la cultura de seguridad y la resiliencia profesional.
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